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Por Nathan Baker | Traducido por Patricia Stone
Muchos inmigrantes de Erwin usan tarjetas telefónicas prepagadas para mantenerse en contacto con sus familiares en sus países natales. Las tarjetas se pueden encontrar en tiendas de estas zonas y el costo por llamada es más barato que lo que ofrecen las compañías de teléfonos fijos. Pero aún así, los que las compran se sienten estafados.
“Cuando se compra una tarjeta, nunca rinde la cantidad de minutos indicados,” dijo Patricia Breto, mientras compra una tarjeta de $3.00 llamada “Fuerza Mexicana” en El Corita, una tienda en la calle Main Avenue. “Una vez gasté $5.00 en una tarjeta y sólo me rindió una llamada. Llamé al número indicado en la tarjeta para ayuda al cliente, y nadie me contestó. Me enojé muchísimo.”
En El Corita, detrás del mostrador, hay como 40 tipos de tarjetas multicolores anunciando diferentes precios y minutos. Un gallo mirando para abajo llamado “El Gallo Loco” promete 170 minutos a México por $10.00. Un frijol verde con sombrero brinca en la tarjeta “Holy Mole” anunciando 510 minutos a México por solo $3.00.
Breto ha usado estas tarjetas durante 16 años para llamar a su madre y a sus hermanas en Cu¬liacán, en el estado de Sinaloa, México. Ella dijo que ha aprendido a vivir con la pérdida de minutos que tiene en cada tarjeta. Sus problemas también son compartidos con otras personas que usan este tipo de tarjetas para llamadas internacionales.
Un estudio hecho en 2007 por el Instituto Hispano, un grupo basado en Washington, dijo que no se puede fiar en las tarjetas que ofrecen tarifas baratas. Según el estudio, muchas de las tarjetas proporcionan muchos menos minutos de los indicados, pues hay tarifas escondidas y el precio de la conexión.
“Las investigaciones revelan que el promedio de las tarjetas telefónicas sólo dan 60% de los minutos prometidos,” Gus West, presidente del Instituto Hispano, dijo en una gacetilla de prensa. “Los Hispanos pierden hasta un millón de dólares al día por el uso de las tarjetas telefónicas fraudulentas.”
Otra acusación vino de una fuente improbable: una de las compañías más grandes de tarjetas telefónicas.
En marzo de 2007, la compañía IDT, que hizo más de $2.2 billones en ventas en el 2006, lanzó una demanda civil contra nueve de sus rivales afirmando que el fraude cometido por estas compañías le cuesta dinero al consumidor y rebaja los ingresos de las ventas de IDT.
“Lo detestable de esta confabulación es que las víctimas son de los segmentos más vul¬nerables de la población de inmigrantes, inclusive de la comunidad Hispana,” afirmó la queja de IDT.
Tres compañías — Epana Networks, Dollar Phone y Locus Telecommunications — han resuelto la disputa con IDT y se han puesto de acuerdo para dejar de hacer anuncios que puedan ser malinterpretados. Las otras seis compañías están peleando la demanda, diciendo que no hicieron nada malo.
Las recientes quejas contra las empresas de tarjetas telefónicas han hecho que los legisladores en algunos estados presten atención a este tema.
El pasado mes de julio, Bill McCollum, el Ministro de Justicia de Florida, comenzó una investigación formal para investigar las prácticas de mercadeo de quienes promueven las tarjetas telefónicas con un diseño fraudulento o engañoso para el consumidor.
“Las tarjetas de llamadas hace posible que nuestros ciudadanos mantengan las líneas de comunicación esenciales con sus familiares y seres queridos,” McCollum dijo en un gacetilla de prensa. “Estoy muy consternado por el comportamiento fraudulento de esta industria y mi oficina va a dirigirse firmemente a este asunto en nombre de los residentes y visitantes de este estado.”
Parte de la investigación se enfoca en las tarjetas mercadeadas a la gente que no puede hablar ni leer en inglés. Los resultados de esta investigación no se han hecho públicos todavía.
Si un proyecto de ley que se presentó en el congreso en agosto del año pasado se convierte en ley, los que compran tarjetas telefónicas pueden llegar a estar protegidos de falsas demandas. El Decreto de Protección al Consumidor de Tarjetas Telefónicas pide que la cantidad de minutos que ofrezca una tarjeta sea impreso claramente en el paquete en el idioma que más hablan los que usan la tarjeta.
Más allá si este decreto pasa a ley o no, las compañías han comenzado a cambiar sus prácticas de negocios. Ya hay tarjetas “limpias” en las calles, para el alivio de los que hacen llamadas internacionales.
Hasta que todas las tiendas estén repletas con las tarjetas nuevas, esos que no tienen otra manera de hacer contacto con sus amigos y familias en otros países, como Breto, tienen que aguantar las tarjetas viejas por un poco más.
“Tengo que llamar a mi famil¬ia en México,” dijo ella. “Si eso significa que tengo que comprar una tarjeta nueva cada dos semanas, entonces eso es lo que tendré que hacer.”
Línea de tiempo de la acción legal
de las tarjetas de llamadas