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Los altos precios de la gasolina hacen tomar conciencia
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Por Mimmi Tornberg | Traducido por Guadalupe Thornton

Gary Payne es alguien que sacó su bicicleta cuando notó que los precios de la gasolina estaban subiendo. No es que no hubiera usado su bicicleta antes. La redescubrió y espera quedarse con su nuevo estilo de vida aunque ya bajaron los precios de la gasolina.

“Me cansé de darle mi dinero a las grandes compañías de petróleo,” dijo él.

El reporte diario de combustible AAA dijo que el año pasado el precio más  caro registrado de gasolina sin plomo en Tri-Cities fue un promedio de $4.08 el galón el 15 septiembre. En enero, el promedio bajó a $1.73.

Payne estaba sentando en una banca en el centro de Kingsport un día el otoño pasado, tomando un descanso de montar su bicicleta desde Indian Springs. Payne, quien creció en Kingsport pero ahora vive en Chattanooga, usualmente monta su bicicleta ida y vuelta de su trabajo en el programa de Reto de Drogas y Rehabilitación para Adolescentes en Chattanooga. Es un recorrido de 17 millas y Payne comienza su jornada a las 7 a.m.

“No tenemos que  tener carros, sólo los necesitamos por la conveniencia,” dijo él.

Payne cree que las personas que andan en bicicleta han descubierto un nuevo lado a la vida y él cree que el alza de los precios del combustible puede ser algo bueno en ese aspecto. De igual manera, él notó una diferencia en el tráfico.

“La gente está acostumbrándose cada vez más a tener bicicletas en el tráfico y la gente está más alerta de lo que estaba antes. Pero sigue siendo peligroso andar en bicicleta en el tráfico,” dijo él. 

“Pero descifras el curso del tráfico y qué días son más seguros y qué horas son más seguras,” dijo Payne.

En viajes más largos la compañía de autobuses Greyhound provee viajes que son más baratos que llevar su propio carro. Para viajar por el centro, el Servicio de Transito de la área de Kingsport, o KATS, provee servicios para los que lo necesitan.

Jim Brown, Retha Campbell y Bob Dotson trabajan como choferes para KATS. Ellos dijeron que la mayoría de los pasajeros son jóvenes, ancianos y personas con discapacidades, aunque este servicio beneficiaría a  todo el mundo. Brown dice que las tarifas no son afectadas por los precios de la gasolina y raramente suben.

La tarifa normal es de $1, pero es de 50 centavos para ancianos y personas con discapacidades.

“No hay ningún motivo por el cual las personas no deberían de tomar el autobús, pero las personas jóvenes no creen que sea chévere andar en autobús; todavía quieren sus carros,” dijo Dawson.

“El autobús va a todas las partes de Kingsport,”Campbell añadió.
En la oficina de Greyhound, la agente de boletos Angela Blair dijo que ha habido un gran incremento en el número de pasajeros después de que subieron los precios de la gasolina.

“Todo el mundo se queja del alto precio de la gasolina, especialmente porque los precios de los boletos subieron también,” dijo ella.

Una tercera manera de ahorrar dinero en gasolina es viajar en carro compartido. Pero la gente en Kingsport tiene otros motivos aparte de los precios de la gasolina para viajar en carro compartido. Margaret Cordle y Jamie Dinkins son compañeras de cuarto que trabajan juntas en un motel local, pero su decisión no fue basada en los precios de gasolina.

“El precio de la comida es más ridículo,” Dinkins dijo.
Cordle no tiene carro, y esa es la razón principal por la cual viajan en carro compartido, pero el hecho de que el viaje es más barato también es una razón importante.

Martin Ornelas, un contratista de Kingsport, dijo que el único cambio que él vio con los precios altos de la gasolina fue que la gente ya no manejaba tanto por diversión—sólo cuando absolutamente tenía que manejar. 

“Las personas quienes viajan con carro compartido siempre han viajado así, sin importar el precio de la gasolina,” dijo él.
Ornelas trabaja como contratista de mantenimiento por solicitud, manejando para llegar a sus clientes.

“Cuando tengo que ir, tengo que ir, y si no puedo llenar el tanque nada más necesito que me paguen más,” dijo Ornelas.

Juan Ramírez, chef del restaurante La Carreta, siempre ha viajado en carro compartido con sus amigos al trabajo y eso no cambió con los precios de la gasolina.

Ni Dinkins ni Ramírez usan el autobús o la bicicleta para llegar a trabajar, ni  conocen a nadie que lo haga. Ellos dicen que si un carro está disponible no ven razón por la cual usar una bicicleta o tomar un autobús.

Aunque hay alternativas con KATS, y la actitud hacia las bicicletas está cambiando, no parece que ir en carro vaya a pasar de moda pronto.

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